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p dir=»ltr»>En un obrador, cuando aparece un problema, lo normal es buscar una solución.
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p dir=»ltr»>Y muchas veces eso es precisamente lo que debe hacer un técnico.
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p dir=»ltr»>Cambiar una temperatura.
Ajustar una hidratación.
Modificar un tiempo.
Corregir una fermentación.
Adaptar un proceso a una materia prima que se comporta de forma diferente.
Eso forma parte del oficio.
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p dir=»ltr»>Un proceso productivo nunca trabaja todos los días en condiciones exactamente iguales y saber adaptarlo también es conocimiento.
Pero hay una situación que siempre me ha hecho reflexionar.
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¿Qué ocurre cuando estamos solucionando una y otra vez el mismo problema?
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p dir=»ltr»>Aparece una incidencia.
Encontramos una solución para poder continuar produciendo.
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p dir=»ltr»>Funciona.
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p dir=»ltr»>La incidencia vuelve a aparecer y repetimos la solución.
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Hasta que llega un momento en que dejamos de preguntarnos por qué ocurre.
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p dir=»ltr»>Y aquello que nació como una corrección termina convirtiéndose en parte del proceso.
Ahí es donde creo que debemos tener cuidado.
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p dir=»ltr»>Porque no es lo mismo adaptar un proceso a su variabilidad natural que modificarlo continuamente para absorber problemas que deberían haberse corregido en su origen.
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p dir=»ltr»>Si cambia ligeramente el comportamiento de una harina, tendremos que saber interpretarlo.
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Si cambian la temperatura o las condiciones ambientales, tendremos que adaptar determinados parámetros.
Eso es trabajar con un proceso vivo.
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p dir=»ltr»>Pero si una materia prima llega repetidamente fuera de las condiciones que necesitamos, una masa entra sistemáticamente demasiado caliente, generamos continuamente un exceso de recorte o una etapa anterior entrega el producto fuera de parámetros, quizá la respuesta no sea seguir perfeccionando nuestra capacidad para compensarlo.
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Quizá haya que volver atrás y hacerse una pregunta mucho más sencilla:
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p dir=»ltr»>¿Por qué está ocurriendo?
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p dir=»ltr»>Porque existe un riesgo que no siempre vemos.
Cuanto mejores seamos solucionando las consecuencias, más fácil puede resultar que una organización termine conviviendo con las causas.
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p dir=»ltr»>Y podemos acabar convirtiéndonos en excelentes apagando incendios sin preguntarnos por qué seguimos teniendo fuego.
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p dir=»ltr»>Para mí, ahí está una parte importante del criterio técnico.
No se trata de negarse a adaptar un proceso.
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Se trata de saber distinguir qué variabilidad debe ser capaz de absorber y qué problemas no debemos permitir que normalice.
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p dir=»ltr»>Porque solucionar una incidencia puede permitirnos continuar produciendo.
Pero continuar produciendo no significa necesariamente haber solucionado el problema.
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p dir=»ltr»>La experiencia nos enseña a encontrar soluciones.
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p dir=»ltr»>El criterio nos enseña cuándo una solución mejora el proceso y cuándo simplemente nos ayuda a convivir con el problema.
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p dir=»ltr»>Porque conseguir que la producción continúe no siempre significa haber solucionado el problema.
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p dir=»ltr»>Ángel Ortiz
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